Blog Bolivia: Isla del Sol y La Paz

Blog de Bolivia parte 1

Bienvenidos a esta sección de Blog La Paz e Isla del Sol! Esperamos que disfruten de todas las aventuras e inconvenientes que tuvimos en Bolivia.

Llegada a Bolivia

Luego de varios meses recorriendo Perú, nos adentramos en Bolivia, un país que cuanto más lo recorreríamos, más intriga nos generaría.

Nos encontrábamos en uno de esos momentos del viaje en el que teníamos que interrumpir nuestro lento y relajado andar, para hacer dos de las cosas que solemos evitar. Por un lado, comenzar a organizar un itinerario: debíamos saber que haríamos cada día de nuestras próximas dos semanas. Por otro lado, tendríamos que “meter quinta” para poder visitar todos los destinos que teníamos ganas de conocer. Cuál era la razón de todo esto? El hermano y la sobrina de Martín nos vendrían a visitar, y debíamos estar en la ciudad de Sucre en determinada fecha para recibirlos. Como siempre decimos: amamos recibir visitas, pero las semanas previas son un poco agitadas para el ritmo al que estamos acostumbrados.

Pero uno va descubriendo en la vida que, por más organización que haya de por medio, hay veces que las cosas no resultan como uno las planea. Este fue el caso en nuestra primer parte en este país. Ya les contaremos más adelante.

Copacabana boliviana: punto de partida a “La Isla del Sol”

Estacionamos el camper sobre la orilla del lago Titicaca (el lago navegable más alto del mundo). Frente a nosotros, la típica postal de fin de semana: muchas familias reunidas compartiendo comidas ricas, niños pedaleando a lo largo de la costanera, vendedores tanto de comida como de artesanías que se acercaban y alejaban. Esa tarde compramos traslados en lancha para visitar por la mañana siguiente la famosa Isla del Sol. Decimos famosa porque, quién no ha cantado a puro salto y abrazo la canción del Símbolo que hace referencia a este lugar? A cada uno de nosotros, esa canción nos llena la cabeza de infinitos recuerdos.

Cuando las cosas no salen como las planeas: PARTE 1

A las 8 de la mañana salía nuestra lancha. Como muchos de ustedes saben, no somos muy madrugadores. Pero cuando se trata de conocer lugares nuevos, nos levantamos con mucha energía y entusiasmo.

Fue así como, un poco a las corridas, llegamos al muelle desde donde la lancha zarparía. Nos llamó la atención la poca cantidad de gente que había, teniendo en cuenta que casi todas las empresas salen a la misma hora. Al llegar al punto de encuentro y no encontrar a NADIE, nos acercamos a un local a preguntarle, y nos dijo que todas las lanchas habían salido una hora atrás. Tras unos largos segundos de confusión, de mirar el horario en nuestros celulares seguido de releer los boletos impresos, caímos en cuenta de la situación. En Perú y en Bolivia había una hora de diferencia que claramente desconocíamos. Eran las 8am peruanas pero las 9am bolivianas. Había sucedido algo terrible: habíamos madrugado “al pedo”. Tendríamos que esperar hasta la 1pm para tomar la siguiente lancha. Nuestro armado y “organizado” itinerario ya se había desfasado un poco.

Isla del sol

El tiempo de viaje desde Copacabana a la Isla del Sol es de 2 horas de navegación. Si querés ir y volver en el día, hay que tomar la lancha por la mañana. Como nosotros la terminamos tomando por la tarde, decidimos pasar una noche en la isla.

Pasar la noche ahí fue una excelente idea. La mayoría de los hospedajes son accesibles, y tanto las vistas del atardecer como del amanecer son mágicas. Es entretenido caminar por las callecitas de la isla, pero tengan en cuenta que muchos tramos son en subida, y la altura se siente (recordar que estamos hablando de 4000 msnm). Nos resultó impactante ver a las “cholitas”, muchas de ellas pasaban los 60 años, subiendo sin dificultad alguna, cargando kilos de mercadería en sus espaldas. Y nosotros con la lengua afuera, luchando por atrapar el poco oxígeno que había.

Visitamos algunos de los puntos arqueológicos de importancia, aunque varios otros nos quedaron pendientes por la falta de tiempo. Pese a lo turística que se volvió, la isla tiene su encanto y mística. Tenemos en claro que volveríamos, pero con más tiempo para recorrerla y disfrutarla con tranquilidad.

La Paz: la ciudad del caos?

Ya sabíamos de antemano que en “la capital NO capital” de Bolivia tendríamos que manejar el Camper lo menos posible y, de de más está decirlo: con precaución. Habíamos oído del tráfico y del caos que la caracterizan. Fue por todo esto que, al ingresar a la ciudad, teníamos todos nuestros sentidos encendidos para evitar alguna catástrofe. Sin embargo…

Cuando las cosas no salen como las planeas: PARTE 2

Frenamos ante un semáforo e inmediatamente un auto se detuvo a nuestra derecha, muy pegado a nosotros. En seguida el semáforo se puso en verde, pero no avanzamos porque pudimos ver que el pasajero de atrás del auto de al lado intentaba abrir la puerta para salir hacia el lado del tráfico. Por lo que Martín le hizo un gesto al conductor preguntándole si ya podíamos avanzar. Habrá sido un mal entendido entre Martín y el conductor, o entre el conductor y el pasajero, pero exactamente en el momento que comenzamos a avanzar el pasajero abrió la puerta, rayando nuestra camioneta y descolocando la puerta del auto, que no volvió a cerrar.

Claro está, que no importaba que Martín le haya preguntado al conductor si podíamos avanzar. Tampoco importaba que bajar pasajeros en plena avenida por el lado del tráfico y con luz verde no corresponde. Estaba cantado que los “culpables” de todo íbamos a ser nosotros, y deberíamos pagar por ello. El “pobre conductor” tenía que arreglar su puerta. Luego de una breve discusión que sabíamos que no llegaría a ninguna parte, decidimos pagarle parte del arreglo y marcharnos para estacionar, de una vez por todas, nuestra casa rodante. Y manejarnos, de ahí en más, en transporte público.

Conociendo La Paz

Sabíamos por otros viajeros que había un taller mecánico que le habría las puertas a los viajeros. Allí fuimos. Nos recibieron los amorosos dueños del lugar, que nos hicieron sentir como en nuestra casa. Nos ofrecieron wifi, cocina, baños con ducha y agua caliente. Y una calidez humana que se la super agradecemos, pues todo esto nos vendría bien para los días que se nos venían encima.

Los primeros días fuimos al centro histórico de la ciudad. Para ello tomamos el famoso y moderno teleférico que nos resultó una maravilla. Fuimos al mercado, probamos comida local, recorrimos varios de los museos históricos, compramos chales y bufandas multicolores, regateamos. Hicimos todo lo que hay que hacer en La Paz. Fueron dos días que no paramos de caminar las callecitas de la enorme ciudad, y de adentrarnos a su historia.

Cuando las cosas no salen como las planeas: PARTE 3

Pero ya el tercer día comenzamos a sentirnos mal. Fue la primera y única vez en el viaje que nos descompusimos los dos al mismo tiempo. No sabemos si fue algo que comimos, un virus o alguna bacteria, pero nos terminamos quedando en el taller mecánico por 2 semanas. Tirados en la cama, con fiebre, dolor estomacal, mucha debilidad. Por qué fue tan lenta nuestra recuperación? Quizás por lo ansiosos y nerviosos que nos poníamos al saber que nuestro itinerario se desfasaba cada vez más y más. Se acercaba la fecha en la que recibiríamos visitas, y teníamos que descartar muchos destinos para poder conocer aunque sea el Salar de Uyuni. La altura tampoco ayudaba: incluso antes de enfermarnos nos costaba respirar.

Pero como somos “culo inquieto”, aprovechamos uno de los días en los que no teníamos fiebre, para recorrer toda la ciudad en teleférico. La debilidad que teníamos no fue un impedimento ya que no tuvimos ni que caminar. Y ver la ciudad desde las alturas, cada barrio, cada montaña nevada que la rodea, nos hizo reconfortarnos.

Otro día fuimos al famoso mercado Del Alto, aprovechando que está ubicado cerca de donde estábamos parando. Cada una cuadra parábamos a sentarnos 5 minutos. De esa forma logramos recorrerlo y comprar un par de cosas que andábamos buscando.

Conclusión…

Pese a que nuestras primeras semanas en Bolivia no resultaron como habíamos planeado, La Paz nos resultó una ciudad impactante. Lejos de ser bonita, su inmensidad, sus alrededores nevados, su teleférico, su historia, sus colores, su caos, sus contrastes y su multicultura, la hacen muy interesante y la transforman en una una visita obligada.

Esperamos que hayan disfrutando de este relato Blog La Paz e Isla del Sol! Ya leyeron nuestras aventuras en otras grandes ciudades latinoamericanas, como Bogotá o Lima?

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