Despidiéndonos de Perú: la montaña de siete colores y las islas flotantes de los Uros

Blog de Perú parte 5 

Si de algo nos está sirviendo la cuarentena, es para ponernos al día con nuestro Blog de Viajes. Acá les dejamos el Blog de Perú Montaña de los siete colores y las islas flotantes de los Uros. Esperamos que disfruten del relato!

Blog Perú Montaña de los Siete Colores

Ya estábamos llegando al final de nuestro recorrido por el completísimo país, Perú. Después de las intensas emociones que habíamos vivido en las semanas festivas en Cusco y nuestra aventura por el famoso Machu Picchu, nos despedimos de Estela y de Marysol que retornaron a la Argentina. Eramos dos otra vez, pero el viaje continuaba. 

Camino hacia la Montaña de siete colores

Esta vez nos tocó manejar hasta uno de los destinos más altos de nuestro viaje: la Montaña Arcoiris (Rainbow Mountain), con unos 5200msnm. En un principio todo era tranquilidad. La carretera que nos conducía a destino estaba rodeada de vistas espectaculares que disfrutábamos al andar. Las alpacas y llamas formaban parte de los “fondos de Windows” que llegaban a nuestros ojos. Inmensidad y colores por todos lados.

Alpacas en la Montaña de Siete Colores
Alpacas en el camino hacia la montaña de siete colores

Pero nuestra paz se vio interrumpida por una serie de acontecimientos. Comenzamos con un típico error nuestro: el horario. Como muchos de ustedes sabrán, nos caracterizamos por calcular mal los tiempos (recuerden que nuestro viaje por las Américas iba a ser de “un año como mucho”). Y esta vez no fue la excepción. Como todas las excursiones turísticas visitan esta montaña por las mañanas, nuestra idea era ir a la tardecita para poder disfrutar de la soledad en aquel lugar tan soñado. Pero “la tardecita” ya había pasado, y recién estábamos llegando al estacionamiento una hora antes del atardecer. Desde el estacionamiento todavía teníamos una larga caminata hasta destino.

Pero no sólo el horario fue nuestro único problema: tras estacionar la camioneta, nos dimos cuenta de que habíamos pinchado goma. No había tiempo para cambiarla, pero sí era necesario colocar el gato para que nuestro pesado Camper no se cayera de lado. 

Luego de encargarnos del gato, nos vimos invadidos por la indecisión. Valía la pena arrancar la caminata hacia la Montaña Arcoiris faltando tan poco para que todo oscureciera? Que pasaba si nos agarraba la noche a 5200m de altura? Moriríamos de frío? Todo tipo de pensamiento, ridículo, extremista, se cruzó por la cabeza de Luli. 

Actuando antes de que anochezca!

Por suerte salimos de la duda gracias a dos locales que se acercaron a ofrecernos ayuda llevándonos en moto hasta cierto punto, y luego continuar unos pocos metros caminando. Y, como si estuviera todo calculado, el resto de nuestra travesía salió redonda. 

En el trayecto en moto pudimos sentir esa libertad que sienten los motoqueros cuando el viento les golpea en la cara. Luego vino la parte complicada: caminar en subida a semejante altura. Cada pierna nos pesaba miles de kilos y el oxigeno brillaba por su ausencia. Pero llegamos justo para poder maravillarnos con la foto de la colorida montaña. A diferencia de las miles de fotos que habíamos visto en internet (la mayoría tomadas por la mañana), la montaña contaba con el “efecto atardecer”: mitad oscura, mitad iluminada, que la hacía aún más pintoresca de lo normal. 

Blog Perú Montaña de siete Colores

Nos quedamos en la cima hasta que el frío se empezó a sentir fuerte y la poca luz que quedaba empezó a desaparecer lentamente. Definitivamente era el momento de volver.

Blog Perú Montaña de Siete Colores

Llegamos a nuestra casa rodante justo para el anochecer. Parecía mentira la cantidad de emociones que habíamos vivido en tan solo las dos últimas horas. Pasamos definitivamente NO la mejor noche de nuestras vidas, puesto que la altura dificulta el respirar, el dormir, el existir. Por la mañana siguiente, reemplazamos la rueda pinchada por la de repuesto. Estábamos listos para continuar hacia nuestro ÚLTIMO destino en Perú: las islas flotantes de los uros, en el famoso lago Titicaca.

Lago Titicaca: las islas flotantes de los Uros

Muchos son los misterios y curiosidades que albergan en las aguas del lago más alto del mundo.

Parte del Lago Titicaca corresponde a territorio peruano y otra menor parte a territorio boliviano. Tuvimos la suerte de poder conocerlo de ambos lados, dos experiencias completamente distintas e interesantes. 

Puno y sus niños nos dieron la bienvenida

Llegamos a la ciudad de Puno un poco a regañadientes por las malas indicaciones que habíamos recibido de Google Maps, que nos mandó por callecitas mínimas, con subidas y bajadas no aptas para el tamaño de nuestro Camper. Nos estacionamos frente a una iglesia, desde donde tomaríamos al día siguiente la excursión a las misteriosas islas.

Puno

Pero no contábamos con que estaríamos todo el día acompañados por un grupo de niños que aparecieron de la nada y se instalaron a nuestro lado. Evidentemente todos ellos vivían en las casas cercanas a donde nos habíamos estacionado, pero nos preguntamos cómo era posible que los padres se desligaran de estas criaturas durante todo el día, dejándolas bajo la responsabilidad de una pareja de turistas, extraños con lo que ni siquiera habían intercambiado palabra alguna. Así fue como, todas las actividades que realizamos aquella tarde, fue bajo custodia. Desde la ida al mercado, hasta el amasado de pan. Nuestro Camper se transformó en un jardín de infantes. Y si bien pasamos un lindo rato, al final ya no sabíamos como sacarnos a esos niños de encima, que habían plantado bandera en nuestra casa.

Visita a lo desconocido

Al día siguiente nos embarcamos (o mejor dicho nos “encanoamos”) hacia la dimensión de los Uros, tribu que vive en islas flotantes construidas sobre el lago Titicaca. 

Islas flotantes de los Uros - Lago Titicaca
Navegando el Lago Titicaca

¿Islas flotantes? Eso mismo. Estas islas las construyen trenzando la raíz de la totora, una planta acuática. Se les hace mantenimiento cada 20 días, cuando tienen que agregar una nueva capa de totora trenzada en la superficie, para reemplazar a la capa de abajo de todo que se fue deteriorando con el agua. Y para que las islas no salgan navegando a la deriva, las anclan a las profundidades del lago con estacas, cuerdas y piedras. 

Islas flotantes de los Uros

Los uros viven de la pesca y del turismo. Y los niños van a sus escuelas (también flotantes) en barcos construidos por ellos. Como verán, es una realidad “tan solo un poquito” distinta a la que estamos acostumbrados. 

La gran combinación: cultura + belleza + tranquilidad

Disfrutamos mucho tanto del choque cultural, como de la belleza y tranquilidad que nos rodeaba. Y como probablemente esta cultura vaya desapareciendo con el tiempo (ya que las nuevas generaciones de jóvenes están optando por irse de las islas a hacer una vida más convencional), consideramos que navegar por el Titicaca y visitar a esta comunidad es una de las actividades que hay que hacer si se tiene la oportunidad. 

Islas flotantes de los Uros - Lago Titicaca
Islas flotantes de los Uros - Lago Titicaca

Nuestro video del POST!

Hasta pronto, Perú!

Así fue como nos despedimos de Perú. Nos cuesta entender que estuvimos pisando la misma tierra que pisaron tantas civilizaciones, una más antigua que la otra. Que estuvimos durante casi tres meses respirando historia cada día. Que fuimos testigos del mestizaje, de la riqueza cultural, de la fusión de dos mundos. Todo esto y mucho más, forma parte de la historia de todos, y por ende: de lo que somos.

Acá no solo finaliza el “Blog de Perú Montaña de siete colores y las islas flotantes de los Uros”; sino también todo lo que fue nuestra gran aventura por este país! Si no leíste los posts anteriores, te invitamos a que leas Huscarán, la “Patagonia peruana”, y el famoso Machu Picchu.

One Reply to “Despidiéndonos de Perú: la montaña de siete colores y las islas flotantes de los Uros”

  1. Qué lindo el video!!!!!!!! Sigan haciéndolos, son excelentes! Puerto Maldonado me encantó!!!! Hermosos recuerdos. Y re interesante la cultura de los Uros. ¡Qué pena que es cultura vaya siendo absorbida por la de los tiempos actuales…

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