Perú: cascadas, ruinas y caminos sinuosos

Blog de Perú parte 1

Llegamos a Perú, país que ansiábamos conocer por su diversidad de paisajes, gastronomía e historia precolombina.

La primer aventura no tardó en presentarse. Tras cruzar la frontera Ecuador-Perú nos enteramos que debíamos manejar tres horas, sin el seguro obligatorio, hasta la ciudad de Jaén. “Y si la policía nos para?” preguntamos en la frontera. La respuesta fue algo similar a “Manejenlo”. El camino campestre, con arrozales, diversos cultivos y afortunadamente sin policías que nos detuvieran, nos dirigió a la ciudad más caótica a nivel tránsito en la que hemos estado. Miles de motos y mototaxis que aparecían y desaparecían de la nada. Definitivamente el tamaño del Camper en este tipo de ciudades es un problemilla.  

Dato curioso: nuestra primera cena fue comida china! Sí, en Perú la gastronomía china y japonesa tiene mucha fuerza, por lo que no nos sentimos “pecadores”. Arroz frito mediante, nos fuimos a dormir estacionados al lado de un arroyo urbano, en una zona residencial y aparentemente segura.

Al día siguiente, hicimos lo primero que hacemos al ingresar a un nuevo país: sacar el seguro SOAT, un chip de telefonía móvil (Claro) y  almorzar algo típico. En este caso fuimos a Rikos, un restaurant céntrico lleno de locales donde degustamos nuestras primeras papas a la huancaina, carne en salsa y mucho arroz!

 

Primer lavada profesional en todo el viaje

Huelga del campo: llegaremos a las cascadas?

Con el seguro sacado, ya podíamos manejar libremente por el país. Ya eramos “legales”! Dejamos la caótica Jaén en búsqueda de la tercera y cuarta cascadas más altas del mundo, ubicadas en lo que se denomina “la selva amazónica del norte de Perú”. Lo que no sabíamos era que llegar a destino se iba a convertir en la segunda aventura (2 aventuras en los primeros dos días en el país?).

Avanzamos un poco y enseguida notamos que una gran multitud de autos, gente y policías bloqueaban la ruta. Intentamos averiguar la causa del corte: huelga nacional del campo para subir los precios de la papa arroz y otras yerbas…

Desconcertados, sin saber si continuar avanzando sería una buena idea, miramos a los policías en busca de alguna pista. Sin mucha seguridad, nos dijeron que continuemos, que creían que a los turistas los dejaban pasar. Avanzamos lentamente, intentando pasar desapercibidos (un poco difícil pasar desapercibidos con una casa rodante enorme que al moverse es un sonajero). Todo iba bien hasta que llegamos al primer cordón y escuchamos a una señora gritar: “NO SON AMBULANCIA! No los dejen pasaaar!”. Enseguida la multitud se vino hacia nosotros impidiéndonos el paso. Varias personas comenzaron a golpear el capot de la camioneta. Habían gritos y discusiones a todo nuestro alrededor. La gente estaba dividida en dos grupos. Por un lado, los que argumentaban que nosotros que eramos turistas no teníamos nada que ver con la situación por la que ellos estaban pasando, y que debían dejarnos continuar. Por otro lado, el otro grupo decía que si nos dejaban pasar, no iban a conseguir lo que querían, que debían mantenerse fuertes. Había un tercer grupo, en su mayoría gente ebria, que gritaba cosas como “vuélvanse a su país!”.

Repentinamente, apareció entre la multitud un notero de la televisión extendiendo el micrófono hasta nosotros: “Van a cruzar igual?” Asombrados ante el caótico show del que formábamos parte, explicamos que nuestra intención era manejar hacia las cascadas, siempre y cuando nos lo permitieran. Pero la agresividad de algunos manifestantes, y ante la negativa general de paso, no tuvimos otra opción que hacer marcha atrás emprendiendo la retirada. Como música de fondo, los gritos de la multitud “El pueblo, unido, jamás será vencido!”.

No nos damos por vencidos!

Nos daríamos por vencidos, cancelándose la visita a las cascadas y el posterior recorrido por zona arqueológica? Cualquiera que nos conoce sabría que de ninguna manera! Mientras debatíamos por donde continuar, conocimos a Gustavo y Sandra, otros viajeros argentinos que estaban en la misma que nosotros. Por suerte, un local nos dijo que había un camino alternativo que nos conduciría a destino. No lo dudamos y junto a nuestros nuevos compañeros emprendimos viaje, siguiendo al auto del local. La ruta se encontraba en malas condiciones. Pasamos por campos y pueblitos típicos de adobe, hasta llegar, tres horas mas tarde, a Cocachimba, pueblo que resurgió gracias a su cascada “Gocta”.

Por la mañana siguiente hicimos la caminata a la imponente cascada. Con algunas gotas de lluvia molestando, disfrutamos de la vista a montañas frondosas, entendiendo por qué es considerada esta zona parte de la amazonia.

Kuelap, el “machupicchu” del norte de Perú

Llegamos a territorio “Chachapoyas”, cultura pre incaica y con muchos años de historia por estos alrededores. Los chachapoyas mantenían un gran respeto por los muertos teniendo dos modalidades de entierros: los sarcófagos, que eran tumbas con forma humana, y los mausoleos, que eran tumbas colectivas. Ambas construidas en cavernas naturales o excavadas en laderas verticales inaccesibles. Hoy en día se pueden visitar los Sarcófagos de Carajía y Mausoleos de Revash.

Pero lo mas asombroso es lo que se supone que era el centro administrativo agrario: Kuelap. Antes considerada una fortaleza, este sitio arqueológico es imponente, sobre todo, por dónde fue construido. Una obra arquitectónica impresionante ya que está situado en el medio de montañas. Actualmente se llega vía un teleférico muy moderno y super empinado!!!.

Los chachapoyas fueron conquistados por los incas y posteriormente por los españoles. Estos últimos los trasladaron a la ciudad Chachapoyas, cuyo casco histórico es bastante simpático y contradice a lo que nos habían comentado varios viajeros: eso de que “en Perú no hay pueblos lindos salvo Cusco y Arequipa”.

Antes de irnos de esta zona, pasamos por el pueblo de Leimebamba, famoso por su completo museo donde se pueden ver varios cuerpos momificados desde la época precolombina y aprender más sobre esta cultura.

La polémica ruta Leimebamba-Cajamarca

Y ya era hora de una tercer aventura. Nos encontrábamos en el dilema de si tomar o no la sinuosa ruta Leimebamba-Cajamarca, ya que es de un solo carril para ambos lados, puro ripio y precipicios. Pero todos nos decían que sus vistas únicas compensaban el resto. Nos terminamos de decidir gracias a la compañía de Gustavo y Sandra, que junto a su camioneta “La Catalina”, nos tomó 2 días atravesar toda esa zona montañosa con paisajes bien andinos. Parcialmente asfaltada y con obras de pavimentación en curso, fue necesario pasar una noche en el medio de la nada, junto a la carretera. Definitivamente, esta aventura se transformó en uno de los grandes recuerdos que nos dejó Perú, y el comienzo de una gran amistad con esta pareja “hippie” de argentinos mitad uruguayos. 

AH! El chocolate de la tienda “Shilicolate” que se compra en la ciudad de Celedin (camino a Cajamarca) es IMPERDIBLE.

Una pausa para disfrutar la pausa

Cajamarca, una ciudad donde se respira historia

Sin contar Cusco, seguramente sea la ciudad con más historia del país, o al menos han pasado acontecimientos claves que definieron el rumbo de su historia. Un gran ejemplo de esto fue la traición al inca Atahualpa que fue capturado por el conquistador español Pizarro. Luego de pagar su liberación con una habitación llena de oro y plata (se la puede visitar), le negaron su libertad. En su lugar, fue ejecutado en la Plaza de Armas de esta ciudad, comenzando de esta forma el “comienzo del fin” del imperio incaico ante la caída de su líder. 

Habitación donde se llenó de oro y plata para la “liberación” de Atahualpa

Luego de este acontecimiento, la ciudad continuó creciendo. Se puede percibir la importancia que ésta tuvo a través de la arquitectura del centro histórico. Es un poco caótica pero muy interesante.

Imperdible el mercado de Cajamarca, donde probamos nuestro primer ceviche peruano y entendimos que poco tiene que ver el ceviche que uno prueba en otros países. Fue realmente toda una experiencia gastronómica para nosotros.

Ceviche en Mercado de Cajamarca
El mercado esta adentro y afuera en las mismas calles

Iglesia de Polloc

Una corta pero muy recomendada visita fue la que hicimos a la Iglesia de Polloc antes de llegar a Cajamarca. Esta nueva iglesia es muy original y con buen gusto. Hecha con azulejos y venecitas por todos lados. Realmente raro ver una iglesia del siglo XXI que impacte por su belleza sin recaer en lo gótico.

En las afueras de la ciudad, se encuentran unas aguas termales precolombinas, paisajes rocosos, granjas turísticas. Mucho para recorrer pero nosotros sin mucho tiempo ya que tendríamos visitas en las siguientes semanas y todavía nos faltaba recorrer la “mini patagonia” peruana! Pero eso quedará para el próximo capitulo.

Esperamos que hayan disfrutado de Blog Perú parte 1. No sé pierdan el próximo post, en el que les mostraremos el sector más desconocido de este país: sus celestes lagos, picos nevados y glaciares.

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