Viajes - Costa Rica

Costa Rica: cumple de Martín y costa caribeña

BLOG DE COSTA RICA: Parte 4

Un día gris cargado de humedad llegamos a Playa Dominical, cuya belleza tardamos en apreciarla pues, ni el mar ni el color de la “arena” nos llamaron la atención. Digo “arena” porque la playa estaba repleta de piedras que había que atravesar para ingresar al agua inquieta. Pero si te gusta surfear, o presenciar “shows” de surf, es sin duda el lugar indicado.

Por la mañana siguiente, emprendimos caminata hacia las Cascadas Nauyaca, por un sendero bastante decepcionante ya que era por la misma calle por la que circulaban los autos. Sin embargo, las cascadas, compuestas por dos caídas diferentes entre sí, nos gustaron mucho. El hecho de poder nadar en sus refrescantes aguas es un extra importante para nosotros. Almorzamos en el medio de la naturaleza mientras observábamos como turistas valientes se tiraban desde uno de los saltos.

Volvimos a Playa Dominical, donde nuestro camping libre, playero, con WIFI del restaurante vecino, nos estaba esperando. Ahí mismo conocimos a Lidia y Javi, una pareja de españoles viajeros en “furgoneta” (VanTravellers) que llevan 4 años recorriendo el mundo: primero Europa, luego América, habiendo pasado por la Patagonia y yendo ahora en dirección norte. No tardaron en aparecer las comidas comunitarias, intentos fallidos de pesca, venta de artesanías en conjunto y los juegos de cartas. Con esta pareja de personajes, las risas nunca van a faltar.

Con los chicos de VanTravellers

Una mañana, decidimos emprender una aventura junto a ellos: ingresar “ilegalmente” a Marino Ballena. Martín había leído que a este Parque Nacional se podía entrar por un costado de su playa, teniendo que atravesar previamente una laguna con cocodrilos. La parte de los cocodrilos no la convencía mucho a Luli… Pero al llegar a la laguna, visualizamos un sendero sin más que lagartijas (y muchos mosquitos!) y en pocos minutos ya estábamos en la playa. Desde ahí solo quedaba caminar 20 minutos hasta la “cola de ballena”. Se le llama así porque la unión de dos playas crea exactamente dicha forma, pudiéndose visualizarse desde las alturas. Es por esto que, al no haber mirador, solamente se podría apreciar este espectáculo con un dron. Pero sí se puede caminar por el tronco de la cola hasta llegar a las “aletas” de la misma, si la marea se encuentra baja. Nosotros llegamos cuando la marea estaba comenzando a crecer por lo que alcanzar el final fue un poco desafiante ya que las olas de ambos “mares” iban chocándose entre sí. La playa está rodeada de verde selvática vegetación, y el agua muy cristalina y con corrientes calientes.

Foto de MyTanFeet.com

Luego de un tardío almuerzo típico costarriquense, pasamos por el supermercado donde nos cruzamos con una combi chilena. En pocos minutos estábamos todos: argentinos, chilenos y españoles, en Playa Hermosa compartiendo anécdotas. Al día siguiente, notamos lo agradable que era nuestro nuevo camping: una larga playa con lindo color de mar y gran vegetación. Lamentablemente la segunda noche no fue tan perfecta, ya que a los chilenos les robaron una de sus dos bicicletas. Decidimos volver a Dominical, donde acampar era más seguro.

Llegó el 3 de mayo y festejamos el cumpleaños número 36 de Martín abriendo un par de rones “Flor de Caña”. El cumpleañero agasajó a sus invitados con lentejas indias y Luli preparó chocotorta, típica torta de cumpleaños en Argentina. Quizás por todos los buenos momentos vividos en este lugar es que Playa Dominical nos terminó resultando mucho más bonita que los primeros días.

Tocó el difícil momento de partir dejando nuevamente amigos en el camino, lamentando que no estemos manejando en la misma dirección.

Cruzamos Costa Rica pasando por sus cerros verdosos hasta llegar a la costa caribeña. Nos encontramos con otro país. Gran influencia africana gracias a inmigración jamaiquina, que se hace notar en la arquitectura, la comida y en la música reggae-calysto.

Nuestro último destino por estas tierras caribeñas era la trilogía Cahuita-Puerto Viejo-Manzanillo, donde nos esperaban Mike y Geneva de It’s not a slow car, It’s a fast house. Si bien esta zona se puede recorrer rápidamente, fue más que nada la vida social la que nos retuvo aquí por más de dos semanas en la que no hicimos nada más que disfrutar.

Soplando velitas nuevamnete con Mike y Geneva

Los primeros días estacionamos el Camper sobre Playa Arrecifes, nuestra preferida de este país. Pero fue Martín quien pudo disfrutar más de esta playa, ingresando mil y una veces en las agradables y azules aguas que teníamos a tan solo unos metros del Camper. Mientras tanto, Luli estuvo un par de días agonizando tirada en la cama tras haberse intoxicado con el agua de la zona, pues en todo Costa Rica el agua es potable salvo en este lugar (dato que desconocíamos hasta visitar la clínica). Para lo único que Luli salía del Camper era para observar a nuestros nuevos vecinos que cada tanto se movían un poco: los osos Perezoso! Estos simpáticos animales se ven bastante por estas playas y justo teníamos dos instalados a pocos metros nuestro. Se dice que bajan de los árboles una vez por semana a tomar agua y hacer sus necesidades, pero lamentablemente nunca los vimos tan de cerca.

Como en toda playa paradisíaca, no tardaron en aparecer los argentinos vendedores de alfajores y empanadas. La comunidad argenta es de las más importantes dentro de Puerto Viejo, donde se jactan de tener 42 nacionalidades.

Ya con Luli recuperada, visitamos el Parque Nacional Cahuita, ubicado sobre la costa. Con entrada a voluntad, disfrutamos de ver osos perezosos, monos, cangrejos, caracoles, y las espectaculares lagartijas “Jesucristo”, rodeados de la combinación jungla-playa caribeña.

En la Reserva de Manzanillo también se disfruta de este tipo de paisaje, pero no vimos tantos animales. En este último parque disfrutamos de la compañía de otros viajeros argentinos, Miguel y Fabiana de América en los Ojos, músicos que van llevando su maravillosa música por todo el continente. Tuvimos la suerte de poder presenciar su show en una pizzería argentina.

Con Doli y Mariano, turistas argentinos con quien nos divertimos mucho. Sí, la dosis argentina en este tramo del viaje fue importante!

Uno de esos días nos reencontramos con una pareja de rusos que habíamos conocido en Honduras: Alexandra y Clemente, con los que compartimos un par de comidas, y lamentamos que no se hayan quedado más tiempo en esta zona.

Ya en la última semana, estuvimos disfrutando de la generosidad de un matrimonio de cordobeses que amablemente nos invitaron acampar en su casa de Costa Rica. No faltó el locro casero y empanadas argentinas para sentirnos como en casa.

Con los viajeros argentinos y los cordobeces que nos hospedaron una semana!

Lo que más nos gustó del caribe de Costa Rica, habiendo conocido previamente el caribe mexicano, es lo virgen de sus playas. La naturaleza aquí es bien salvaje, pudiendo disfrutar no solo de un mar de bellos colores, sino también de la flora y fauna que te rodea: perezosos en los árboles, los aullidos de los monos, distintos tipos de pájaros que vienen y van, y de una selva verde paralela al mar. La cantidad de turistas durante la semana es baja, teniendo las playas prácticamente todas para nosotros. Además, en este país está prohibida la construcción de hoteles y restaurantes cercanos al mar, siendo más fácil olvidarse de todo por un rato y conectar con la naturaleza.

TIPS para Viajeros

  • Comidas caribeñas para probar: Sopa de pescado con leche de coco llamada “Rondon”, empanadas de carne picante llamada “Pati”, sopa de mariscos, y el famoso “Rice&Beans”, arroz con frijoles con leche de coco y chile panameño.
  • La reserva Manzanillo tiene entrada gratuita y el Parque Nacional Cahuita (8km en total) entrando desde la ciudad es a donación.

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