Viajes - Costa Rica

Costa Rica: más playa, aguas termales, volcán y río celeste.

Blog Costa Rica parte 2

En esta clase de viaje en el que uno está lejos de su familia y amigos, es muy fácil encariñarse con la gente que va conociendo. Fue así como decidimos volver a Playa Conchal para continuar por unos días más junto a la pareja de argentinos, los ticos y los eslovacos. Y que decir de aquella playa? Lo más parecido al caribe, por lo que regresar no era exactamente un gran sacrificio. Manejamos en caravana, y al llegar nos llamó la atención un van camper. No tardamos en averiguar de quien se trataba: Luciano, viudo de nada más ni nada menos que 85 años. Este señor es un ejemplo de valentía, se escapa del invierno canadiense deprendiéndose de casi todas sus pertenencias y alejándose de su familia, todo para adentrarse en la aventura de cruzar enquilombadas fronteras, tratar con personas en una lengua ajena, y obviamente sin ningún tipo de ayuda tecnológica. Pero como los médicos le dijeron que viviría hasta los 100 años, tiene bien en claro que hasta esa edad no va a parar! Luciano se integró rápidamente a nuestro grupo. Una mañana nos invitó a acompañarlo a hacer snorkel y cuando nos quisimos dar cuenta ya estaba en el mar, con sus antiparras y patas de rana puestas. Ojalá todos tuvieran al menos la mitad del espíritu y ganas de vivir que tiene este hombre.

Y la magia de Conchal no termina al ponerse el sol. Al oscurecer uno puede presenciar un fenómeno de la naturaleza, de esos que quedan grabados en la cabeza para siempre. Resulta que estábamos regresando de una caminata nocturna junto al mar, cuando a Luli se le ocurre meterse al agua.

– “Martín, Martín! Vení al agua, hay bioluminiscencia!”

Martín obedeció, y efectivamente: frente al movimiento de brazos y piernas, el agua se “encendía”. Es un fenómeno producido por un tipo de plancton, que en algunas playas del mundo se puede ver también desde afuera del mar a medida que rompen las olas. Al rato, todo el grupo estaba en el agua, con el entusiasmo de niños de 5 años frente a juguete nuevo. Era como si las estrellas se hubieran caído y estuviéramos nadando en un mar de estrellas. Lamentablemente no fue posible captar este efecto con la cámara de fotos.

Al partir de Conchal, nos despedimos de nuestros amigos argentinos y ticos, para continuar junto a los eslovacos hacia la verdosa area de La Fortuna. Atravesamos los alrededores del Lago Arenal, zona con gran influencia alemana que se puede evidenciar en la gastronomía de sus restaurantes. A pocos kilómetros de La fortuna visitamos unas aguas termales naturales y gratuitas. Disfrutamos varias horas de este arroyo de aguas cálidas, al cual regresamos por la noche para presenciar como los locales se instalan a gozar del contraste térmico a la luz de las velas.

Por último fuimos a visitar la famosa cascada La Fortuna de impresionante largo. Todo esto en una de las zonas más turísticas del país. Lleno de opciones para gastar tu dinero: desde agua termales lujosas hasta cabalgatas por la montaña. Por suerte gracias a Ioverlander, nos pudimos alejar de los turistas y acampar junto a un río sin gente.

Al día siguiente continuamos 2 horas hacia Río Celeste, y estacionamos junto a él. Estuvimos largo rato refrescándonos y divirtiéndonos al dejarnos llevar por la corriente, sumergidos en el magnífico color de estas aguas. Es que su nombre realmente refleja su color: una reacción química más un extraño efecto tipo “arcoíris” dan como resultado un celeste profundo único en el mundo. Pasamos la noche con el sonido del correr del río como música de fondo. Por la mañana siguiente, ingresamos al Parque Nacional Tenorio, donde nace el color “pitufo”, y realizamos sus 3 horas de sendero. Atravesamos un largo bosque selvático y tomamos el primer desvío para apreciar el contraste de la blanca cascada desembocando en el pintoresco río celeste, imagen única ante los ojos de cualquier viajero. Al final del hike se puede visualizar dónde “comienza la magia”: la línea divisoria justo donde el río se vuelve celeste, gracias a la unión de dos ríos uno ácido y otro lleno de minerales. Ya regresando pudimos ver un coatí corretear muy cerca nuestro.

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