Viajes - Guatemala

La mejor despedida de Guatemala: Antigua y Volcán Fuego

Blog Guatemala parte 5

La pintoresca ciudad de Antigua Guatemala fue devastada a lo largo del tiempo por los tantos terremotos de los que fue víctima, pudiéndose visitar las ruinas de sus distintas iglesias y conventos de 1700, incluyendo la catedral cuya construcción no pudo ser finalizada.

El famoso arco de Antigua
Vendedoras y la Iglesia del Merced

No hay como caminar sus callecitas empedradas con fachadas coloridas rodeadas de volcanes. El mercado es un enorme laberinto en el que encontrarás desde verduras y frutas, anteojos de sol, hasta ropa nueva y usada. Es muy difícil salir de ahí y más con las manos vacías. Hoy en día es una ciudad muy turística, llena de cafeterías y oferta gastronómica.

Dejamos el camper en el predio de la policía de turismo que, por esas extrañas razones de la vida, es gratis para los turistas pero no para los locales. No tardaron en llegaron dos autos argentinos a los que, les comentamos sobre nuestro interés en hacer el ascenso al volcán Acatenango. Finalmente se prendieron, y siendo 8 (ya que también contábamos con nuestros amigos eslovacos) pudimos negociar el precio para la excursión.

Hacía dos meses que estábamos ansiando subir al volcán, chequeando el clima todos los días para su óptima visualización. La excursión incluía acampar sobre la vera del volcán para poder observar el espectáculo nocturno de su vecino, el activo volcán Fuego, que cada 20-30 minutos erupciona. Nos habían comentado que la subida de 5 horas hasta el campamento era muy dura, teniendo cierta inquietud sobre nuestro estado físico. Además, al eterno y empinado ascenso hay que sumarle el peso que cada uno tiene que cargar en su mochila, correspondiente a la comida, litros de agua, y como no: las miles de capas de abrigo para el amenazante frío de la noche. Y finalmente llegó el día en que nos pondríamos a prueba. Como en todo trekking, hay un momento en el que todos nos preguntamos: quién me mandó a hacer esto? Pero las múltiples paradas que el guía nos hizo hacer lograron que el ascenso resulte bastante llevadero, y alrededor de las 4.30pm estábamos en el campamento. Sin embargo, el Fuego estaba completamente tapado por las nubes. Temiendo habernos equivocado en la elección del día, no nos quedaba otra opción que esperar junto a la cálida fogata, mientras lo escuchábamos erupcionar sin poder visualizar el show. Y al rato, las nubes se empezaron a disipar hasta quedar, tanto el volcán del Fuego como el del Agua, completamente despejados.

Cada “explosión” era única, alcanzándose a ver los grandes pedazos de piedra que salían volando por los aires. Luego anocheció y el espectáculo se puso aún más interesante: ahora cada erupción venía acompañada de furiosas piedras humeantes y llamaradas, que le dan al volcán su nombre. Tomar la decisión de irnos a dormir no fue fácil: la postergamos por bastante tiempo, prometiendo en cada erupción que la próxima sería “la última”; pero descansar era necesario porque a las 4 de la mañana el guía nos despertaría para subir hasta la cima a ver el amanecer desde ahí. El frío de la noche y la altura hicieron la subida muy dificultosa, pero una vez arriba presenciamos una de las mejores vistas de nuestras vidas: el Fuego cabrón como siempre, el Agua super pacífica, y el amanecer. Y otro personaje importante: el viento helado, que es la única razón para no quedarse ahí arriba durante horas.

Desde la Cima
Subida al Acatenango y fogata anti-frio

La bajada fue larga, polvorienta y empinada. Pero llegamos a la base felices de haberlo logrado, especialmente Luli que esa mañana se había engripado por el frío extremo de la cima. Nos quedamos unos días más en Antigua, una de las ciudades más bonitas hasta el momento, descansando y recuperándonos. Si en algo coincidimos los dos, es que mejor despedida de Guatemala no podríamos haber tenido.

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