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Día de Muertos: Por fin llegó el festejo tan esperado!!!

Blog México parte 17

Desde hacía años que Luli tenía un sueño: pasar día de Muertos en México. Pero este festejo se lleva a cabo los primeros días de Noviembre, época del año en la que ningún argentino se toma vacaciones. Sin embargo, los planetas se alinearon para que Martín y Luli puedan participar de esta curiosa festividad. Por empezar, a diferencia de lo que los extranjeros piensan, esta celebración no es prehispánica. Las antiguas civilizaciones realizaban cultos a la muerte con frecuencia, pero lo que llamamos hoy en día “Día de Muertos” es el resultado del sincretismo religioso de esta cultura con la católica.

Así es como durante esos días los “muertos están entre nosotros”, atraídos a la tierra por los pequeños altares que les preparan las familias a sus muertitos, con sus pertenencias, comidas que disfrutaban, etc. Llamativamente para cualquier persona no mexicana, es un día de fiesta y alegría, para recordar a los difuntos con serenidad.

Durante los últimos días de Octubre, las calles de la ciudad de Oaxaca se van ambientando, comienzan a aparecer las “caritas pintadas” de catrinas, el temático y estacional pan de muerto se vende por todos lados, y los adornos con flores anaranjadas decoran las antiguas construcciones. Uno de esos días previos se llevó a cabo un importante y multitudinal desfile de disfraces por parte de los pueblos vecinos. La música de tambores y los excelentes maquillajes te van preparando para lo que se viene.

Y sin darnos cuenta llegó el primero de Noviembre, decidimos pintar nuestras caras y a eso de las seis de la tarde comenzó la fiesta. Presenciamos un baile tradicional llevado a cabo por un gran grupo de gente local, vistiendo atuendos zapotecas, todo al ritmo de la percusión acompañante. Algunos con llamativa agilidad, otros no tanto. Entre canción y canción realizaban cortas ceremonias que nos transportaban a tiempos lejanos.

Ansiosos por irnos del “mero” centro, nos tomamos un cafecito en nuestra cafetería favorita de la ciudad, para dirigirnos al panteón/cementerio. Allí nos recibió la música de unos mariachis, e intentamos caminar entre las tumbas todas muy decoradas cuando nos damos cuenta de que hay más gringos que mexicanos.

Fascinados y algo decepcionados al mismo tiempo decidimos que al día siguiente iríamos al panteón de un pueblo más pequeño, para poder huir del festejo turístico y poder vivirlo como lo viven los locales. Así fue como volvimos a Zaachila, para terminarnos de enamorar de esta pequeña localidad y de su gente. La decoración del panteón con las flores era bellísima, super alegre. Muchas familias reunidas alrededor de sus altares comiendo y bebiendo, contando anécdotas sobre sus difuntos. Y un gran alivio: sin turistas a la vista! Una de las familias nos invitó a comer tamales y a beber whisky, para recordar a su muerto de 37 años, que falleció en un accidente de autos, dejando a sus pequeños hijos y esposa. Definitivamente para poder festejar este día con alegría hay que ser mexicano o tener corazón de acero.

Luego de un buen rato en el panteón, disfrutamos de la exposición de “tapetes” (son como pinturas hechas con cal, tierra, polvos de colores, flores, con la temática de esta festividad).

Ya por la noche presenciamos un show callejero de bailarines con cuernos y máscaras muy expresivas. Y para cerrar este día de fiesta, apareció de repente una comparsa integrada por toda la gente de un barrio, disfrazados y bailando al ritmo de la música. Y siendo los únicos turistas presentes, nos metemos en el medio del caos para bailar felizmente mientras unas mexicanas nos compartes unos shots de tequila y mezcal.

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