Viajes - México

Huasteca potosina: cascadas, montes selváticos y un escocés vanguardista

Blog México parte 11

Ya en el estado de San Luis Potosí, empezamos yendo a la famosa “Medialuna”, que nos pareció un balneario bastante turístico, para ir con la familia a descansar y disfrutar de un día tranquilo nadando en sus canales naturales.

Al día siguiente fuimos a otro Puente de Dios de Tamasopo. Parece que a Dios le gustó esta zona para construir puentes. Nos sorprendió que en este lugar era obligatorio el uso de chalecos salvavidas, pero cuando vimos la magnitud de la corriente que nacía a partir de la gran cascada entendimos el motivo. Sin pensarlo mucho nos metimos al río, y con la ayuda de unas sogas que evitaban que no nos lleve la corriente, nos fuimos moviendo hasta una mini cueva con aguas calmas y peces nadando.

La luz que entraba hacía que sus aguas fueran de un color “verde Hulk”.

Saliendo de la cueva, a pocos metros nuestro, vimos a un grupo de personas que no tardaron en gritarnos: ayuda, ayuda! Nadamos hasta ellos y vimos que una mujer estaba agarrada de la última soga luchando para que ni la corriente y ni el salvavidas mal abrochado la ahogaran. La corriente desembocaba en saltos con rocas a sus lados, haciendo la situación aún más trágica. Sin saber qué hacer, atinamos a tirar de la soga como hacía el resto del grupo, aunque no estuviese dando mucho resultado. Milagrosamente apareció un guardavidas que rescató a la mujer. Tras salir del agua, nos pusimos a hablar con los chicos que resultaron ser artistas callejeros que viajaban por el mundo. Dos mexicanos, dos italianas y un argentino. Ya era hora de conocer un grupo de hippies!

Pegamos buena onda así que esa noche fuimos a la posada en la que estaban parando y una de las italianas (Simona) nos cocinó a todo el grupo unos riquísimos espaguetis a la carbonada. Luego de horas de conversación decidimos pasar la noche ahí mismo, pero al intentar entrar la camioneta, una chapa que sobresalía raspó el techo de nuestro camper. Al poco rato se largó una tormenta, y si bien dormimos profundamente, a la mañana siguiente nos dimos cuenta de que había entrado un poco de agua. Fue necesario sellar con silicona el raspón del día anterior.

Los siguientes dos días estuvimos de cascada en cascada junto a la compañía de Pato (el argentino), su novia Simona, y su infaltable perrita Bertuccia. Primero fuimos a las cascadas de Tamasopo, en las que nos divertimos mucho tirándonos desde un trampolín y una soga a un piletón de agua natural al lado de una catarata.

Y al día siguiente fuimos a la Cascada de Tamul: para llegar a ella hubo que remar contra la corriente como dos horas en una canoa compartida con un grupo de chicos.

El regreso fue lo más divertido ya que nos dejaron tirarnos al río detrás de la canoa y dejar que nos llevara la corriente. Nuestros nuevos amigos nos siguieron a Aquismón ya que estaban interesados en nuestro siguiente destino: El Sótano de las Golondrinas. Consiste en un gran agujero en un cerro, con más de 500 metros de profundidad, del cual todas las mañanas salen volando miles de aves que regresan al atardecer. Para ver este espectáculo tuvimos que madrugar llegando justo a tiempo.

Luego de un típico desayuno regional (gorditas llamadas bocoles y tamales gigantes llamados zacahuiles) manejamos una hora hasta el simpático pueblo de Xilitla, donde nos esperaba la feria dominical en su plaza principal. Pudimos presenciar la huapangueada, en la que gente del pueblo se ponía a bailar una mezcla de baile country y zapateo americano.

Alrededor de la plaza se encontraba el mercado, dónde los campesinos ofrecen sus productos: café, frijoles, azúcar, quesos, legumbres, chiles, frutas y verduras. Almorzamos frente a la plaza, en un restaurante llamado Querreque: nos gustaron tanto sus canelones de verdura, su crema de chicharrón y sobre todo su flan de café, que al día siguiente volvimos para cenar.

Nos tocó despedirnos de Pato, Simona y Bertuccia. Fue la primera vez del viaje que compartimos varios días seguidos con otros viajeros.

Esa tarde visitamos la gran atracción turística de la zona: el Jardín Surrealista de Edward James, un escocés adinerado y vanguardista que al enamorarse de esta zona selvática decidió construir su propia casa, no solo convirtiéndola en una reserva de animales, plantas y orquídeas, también construyó edificaciones que es imposible que no te hagan recordar a los cuadros de Dalí, con quien tuvo una amistad.Estuvimos varias horas recorriendo y perdiéndonos en este selvático laberinto. Es un lugar en el cual podés encontrar formas y figuras fotografiables en cada rincón.

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