Viajes - Estados Unidos

Las Vegas (Nevada)

Estábamos a una hora de Las Vegas cuando se nos ocurrió llamar a Osvaldo, amigo de la familia de Martín que sabíamos por Facebook que estaba vacacionando en la ciudad del pecado. Nos dijo que se encontraba junto a su hermana y su hija parando en un hotel, y que podía agregar una cama en la habitación para nosotros. Así fue como nos dirigimos directo al hotel Hooters (dejamos el camper en su estacionamiento) y pasamos dos días todos juntos conociendo los maravillosos hoteles temáticos con sus viciosos casinos.

Lo más interesante de Las Vegas es el ambiente nocturno que se forma en el cual se mezclan familias con chicos, adultos adictos al juego que no se despegan del casino, mujeres super producidas que deben empezar a arreglarse a las 4 de la tarde, turistas como Osvaldo que no paran de sacar fotos y videos de todo lo que sucede a su alrededor. Realmente hay que vivir una noche en Las Vegas para poder comprender su esencia, que puede gustarte o generarte rechazo. Personalmente, para un par de noches, nos resultó un ambiente MUY entretenido.

Nuestro último día en la ciudad lo pasamos solos: Osvaldo y su familia partieron por la mañana. Aprovechamos que teníamos la tarjeta de la habitación para pasar la tarde en la pileta porque el calor estaba pesadísimo. A la tardecita nos dimos el lujo de ir a comer un buffet en el Mirage y al terminar fuimos rodando a ver un impresionante show del Circo de Soleil. No nos podíamos ir de Las Vegas sin apostar, así que jugamos un rato a la ruleta (a Luli le encanta!). Luego de un comienzo poco fortuito, gracias al autocontrol de Martín y para desgracia de Luli que quería seguir, terminamos 50 dólares arriba. Podemos decir que “le ganamos al casino!”. Esa última noche no teníamos habitación, pero “nos hicimos los boludos” para poder pasar la noche en el camper en el estacionamiento del hotel. Así fue como luego del glamour de la pileta, del buffet, del show y de la ruleta, volvimos a nuestra pequeña casita para pasar una de las noches más calurosas (sin aire acondicionado) y cortas de nuestras vidas, ya que a las 6.30 de la mañana nos despertó la alarma de las baterías, pues el maldito cable de siempre se había desconectado.

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